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El presente pasado

Tal vez luego vaya contándole una versión distinta a cada estrella sobre cómo nos conocimos, pero ambos sabemos la manera en que nos unimos. Ni la luna se imagina lo que conseguimos hacer detrás de su luz. Aunque la noche haya sido corta, fue suficiente para eternizarnos el amor. No sé si existan los accidentes en el amor, pero te has convertido en la mejor de mis casualidades.

Yo no tengo historias qué contar, ni siquiera puedo recordar la primera vez que miré tus ojos, sólo recuerdo lo hermoso que fue.
No tengo tiempo en mi mente, únicamente el espacio eternamente vacío que dejaste en mi pecho, recuerdo cómo con tus lindos ojitos mirabas tu alrededor, completamente sorprendido, después de que te di el primer beso.

Las personas que más espacio dejan cuando se van, son las que más influyeron cuando estaban presentes. No asimilaré la sensación de besar tu boca, ni lo que sentí al verme custodiado por tu mirada. Tu encanto no puede ser comparado con el de otras mujeres. A miles he visto, sólo a ti te he mirado. Me pregunto si aún atesoras el amor que nos juntó esa noche, pues yo no he logrado olvidar tu cuerpo. Tu piel sigue siendo mi mapa al paraíso donde termino perdiéndome cada vez que te encuentro. A veces no se puede expresar un sentimiento con palabras, por eso tuvimos que actuar. Y aunque te hayas ido, yo sigo con la idea de que estás conmigo.

El día en que tomé la decisión de irme de tu lado, luego de todo el daño causado por nuestro catastrófico amor, dejé mi alma contigo, mis ganas de soñar, mis ganas de amar, mi confianza y la fe inmaculada que alcancé en tus brazos.
Hoy sigo contigo, puedo tocar otro cuerpo, besar otros labios, pero nada, nada se compara a esa noche única. 
Recuerdo cómo besé las constelaciones que formaban tus lunares, nuestras palabras, esa noche se concentró todo el amor y él nos hizo, pero al irme, comprendí que fue la mejor decisión; tú seguiste con tu vida, no me esperaste, no dejaste que calmara mi rabia. Me hiciste una farsa, me hiciste conocer lo que era morir a diario. 
Eras mi droga favorita.

Hay dolores tan profundos como el que provoca tu ausencia. Mi intención nunca fue lastimarte, pero supongo que es espontáneo. La verdad es que he logrado contar los días solitarios desde que te fuiste. No hubo noche que no fuera melancólica. Y decidí irme para proteger un corazón que ya había recibido demasiados golpes disfrazados de caricias. Seguí mi vida, sí, pero cada recuerdo tuyo me ha hecho más complicado dar pasos coherentes. Te extraño. Hay cosas que no puedo negar. Si soy sincero conmigo mismo, diría que aún te amo. Las cosas no fluyeron como ambos pensábamos que irían. Tu partida no fue la mejor decisión. Dejaste mi corazón desolado. Si te dejé morir, perdóname, es que para ese tiempo ya había olvidado lo que era estar vivo.

Me destrozaste, y aún me destrozas con tu dolor, odio saber que no eres feliz, saber que nunca hemos querido alcanzar la felicidad.
Somos un par de masoquistas que se dañaron hasta no poder siquiera respirar y no sentir el pecho con mil puñaladas.
Me mata tu ausencia, pero sé que no volverás, no volveré a ver tus ojos, no volveré a besar tu boca y muero cada que lo pienso, muero a diario. Quizá ya estaba muerta cuando me encontraste, pero el dolor fue causado porque en tus brazos me sentí viva y luego me dejaste morir en el completo abandono.
Cada letra que te escribo es una lágrima, sabes muy bien que odio ser débil, que detesto mi infame sensibilidad.
Ya no sé si te amo, ya no sé si quiero que vuelvas, sólo sé que muero un poco más cada día que paso sin ti.

Quizá confundimos la felicidad. Querida, ¿a qué le llamas felicidad? Felicidad para mí fue tenerte, y pensar que no te irías. No sé qué nos pasó, pero desde que pasó, nunca nada fue lo mismo. No volveré, sé que no me recibirías; ya hay demasiadas inseguridades como para intentar sufrir un poquito más. Se han abierto heridas suficientes. Si el tiempo estuviera en mis manos, hace mucho que hubieras vuelto a ser mía, pero ya no tengo tiempo, y tú ya eres ajena. Perdona mi ausencia. Perdóname por llegar a tu vida e intentar cambiarla. Perdóname por abrirte paso a otros mundos y hacer que te pierdas de tu propia realidad. Perdóname. Perdóname por intentar hacerte feliz.

Tus palabras me arrancan una sonrisa, el hecho de saber que a la distancia aún existe un hálito de vida para lo nuestro, saber que aún sigo aferrada a tu pecho. Y te extraño más que nunca...

— Clemm Abader y Heber Snc Nur

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