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Libre acción poética

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el junio 27, 2014
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Sobre Recazo


Este blog está asociado a Sexta Fórmula. Aquí se publican los textos de escritores mainstream emergentes, con gran potencial artístico y con ganas de llegar a tocar las fibras de gente que guste de la lectura.

Si quieres enviar tus escritos o ponerte en contacto con nosotros para ser publicado, por favor, envía un correo con tus textos a: sextaformula@outlook.com

Recuerda que publicamos poesía y narrativa.




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Señor, has hecho muchas cosas buenas a mi favor, tal como lo prometiste

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Iba a decir que me gustas... y se me adelantó una sonrisa

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Psicosis

Fuente de imagen En la psicosis en la que vivimos, llegar a un lugar desconocido, conocer a una desconocida y pasar unos días en su hogar parece un riesgo innecesario, para ambos, más para ella. Así nos conocimos, sin detenernos a pensar en los peligros, presentes y futuros. Sin importarnos perder el pellejo o peor aún, conectar y entregar sentimientos e intimidad. Hablamos, nos observamos, enfrentamos el frío para que ella pudiera fumar, intercambiamos tragedias, dejamos a nuestros respectivos conocidos. Nuestros pasos, discretos, nos llevaron a su casa, compartimos la cama, la comida, el baño y las ganas de postergar la separación lo suficiente para que perdiera el tren dos veces y una noche se volvieran tres. Ave Literaria
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Fortuna

Fuente de imagen Ella arquea las cejas como si estuviese sola en aquel rincón. Sonríe como si llevara una puesta de sol entre los labios y la maldita suerte de ser preciosa sin que nadie salga a su encuentro para competir con ella. Lo que más me gustaba era su silencio. Despiadado y sucinto. En él podías encontrar secretos de todo tipo, desde los que ocultaban las puntas de sus pies, hasta lo que ocultaba en el interior de su alma; sus ojos daban un repaso de aquel sumario de voces perdidas y ecos sin dueño que había en la habitación de su mirada. Podías pasear por el asfalto de su risa, caer veinte metros en sus ojos, tropezar con su lengua en mitad del vuelo, y beber de su boca hasta desear que jamás pudieses saciarte. Besarla era un placer de esos prohibidos, tocarla como acariciar una estrella, mirarla como prueba de que la magia existe, y poseerla como creer en los milagros. Y entonces sonríe, porque sabe que la miro, sonríe porque sabe que me enc...
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